Mujeres con fibra
Entrevista de Alicia Haber
El País Arte
Marzo de 2013

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Crítica
Nelson Di Maggio

La República
9 de marzo de 2013

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Texto curatorial
DOBLE DISCURSO
Lic. Jacqueline Lacasa
Colección Engelman-Ost
Agosto de 2010

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Crítica
Nelson Di Maggio

La República
23 de agosto de 2010

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"De discursos y otras prendas"
Daniel Tomasini

Revista Dossier Nº 23, nov/dic. 2010


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Texto del catálogo
Nidos que ocultan secretos
Alfredo Torres
Cabildo de Montevideo
Noviembre de 2007

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Texto de catálogo
Fernando López Lage

Nidos que ocultan secretos
Cabildo de Montevideo. Noviembre de 2007

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Texto curatorial
Sarah Guerra

Publicado en la Revista Magenta.
Buenos Aires, Argentina 2009

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MUJERES CON FIBRA
Olga Bettas responde a Alicia Haber

¿Qué temas desarrollas?
Temas inherentes a la femineidad pero sobre todo a la violencia de género con elementos preferentemente gastados, pesados de carga y vida, preferentemente impregno de punto cruz, sencillo profundo. Me gusta rematar con inocente puntada tal vez, lo que esa prenda sufrió pegada al cuerpo. Por eso es sencillamente dramática.

¿Cómo llegaste a esos temas?
A través del trabajo, la investigación de la ropa íntima de la mujer, como ha ido transformándose de acuerdo a su sentir y exigencias laborales, y en sociedad. Comienzo con la ropa interior a partir de una premisa en un taller de Alfredo Torres: crear un objeto a partir de cualquier elemento, luego de analizar textos de Duchamp. Sobre mi escritorio estaba hacía mucho tiempo un viso cortito de encaje y seda (de feria), siempre consigo cosas.
En un momento después de deambular ideas que me aburrían lo empecé a transformar rellenando la parte del busto con huata a ver qué pasaba, pero algo le faltaba, no tenía interés le faltaba algo que no me diera todas las soluciones, que me dejara pensar.
En otro impulso y en vistazo de lo que tenía alrededor lo llené de alfileres de colores, entonces sucedió uno a otro y otro y no podía parar, los rellenaba los cambiaba de sentido creando formas insinuantes masculinas, agregando bordando teniendo y así, con mucha pasión seguí y seguí.
Después surgió la pregunta: ¿por qué mostrar solo ropa femenina?, continué con eslips blancos y negros bordados con hilos rosados y agregados de wrapings teclo que sería ensamblaje textil.
Para fortalecer la tela debía trabajar con pegamentos lo cual me daban más trabajo por el secado.
Valió mucho la pena esa etapa de inicio con la ropa, captar un instante de luz y desarrollar un mundo de fecundas ideas gracias al trabajo y la meditación. Luego de dos años de producción surgió la muestra del Cabildo.

¿Qué lugar ocupa el tema de lo sexual en tu obra?
El tema sexo parece estar presente, como lo veo en mi obra. Me parece que una bastante reciente, de la muestra en Engelman Ost, un toro de cerámica que estaba en casa siempre encima del piano. Le hice dos pelotitas de lana y se las puse en la cabeza. Irónica y divertida me reí sola mucho, llené su alrededor con flores rojas. Su tan preciado machismo, (del toro) había desaparecido del lugar natural, todo ha cambiado también para los hombres, su machismo caduca haciendo los mandados o cambiando los pañales, o dejando su compañera salir a ganar un sustento.
Yo creo que tanto la mujer como el hombre, van mutando los roles, porque el peso de las responsabilidades aumenta para ambos de acuerdo a los medios y el consumo que nos imponen por otro lado tenemos que tener en cuenta la diversidad sexual que avanza en reclamos y derechos, que más allá de estar de acuerdo o no, existe.

¿Cuáles son tus finalidades al hacer este tipo de obra?
Difusión, poder transmitir la felicidad de ser mujer y paso a paso lograr un desarrollo cultural y anímico que aliente el quehacer femenino sea cual sea.

El País Arte
Entrevista de Alicia Haber sobre exposición "Mujeres con fibra", IMM
Marzo de 2013

[...] En el atrio del Palacio Municipal once creadoras uruguayas fueron agrupadas en la muestra “Mujeres con fibra”. El tema del Día de la Mujer 2013 estaba centrado en la violencia contra la mujer pero pocas lo tuvieron en cuenta. Sin embargo, Olga Bettas es la única que se permite recordarlo. Con piezas realizadas hace dos años profundiza los contenidos y las formas eróticas con rara contundencia, al contar historias ajenas, fragmentos de otras vidas, actualizando y presentificando el drama padecido a través de ensamblajes textiles con el agregado de alfileres (con sentido provocativo o pinchando agresivamente prendas íntimas femeninas), cuchillos clavados, bordados o pespunteados en formas vaginales, fuertes imágenes deliciosamente enmarcadas con sabor kitsch.

Nelson Di Maggio
La República
9 de marzo de 2013

DOBLE DISCURSO

Hay un compromiso en la obra de Olga Bettas en proyectar un campo de acción, donde la creación prioriza la manifestación de la impunidad de la violencia en la sociedad actual. Si bien esta violencia se presenta en dimensiones no siempre visibles, son los códigos sociales aceptados los que actúan a través de acuerdos explícitos o implícitos.
La artista se abre camino en medio de la embriaguez o anestesia de los sentidos, fabrica un mundo de ensueño, complejo y audaz, provocando una lectura crítica a la memoria inmediata del colectivo social con respecto a la naturalización de la violencia como mecanismo que lleva al silencio y al aparente dominio de las situaciones.
Y es en este punto en que la minuciosa creación de cada objeto realizado por Bettas configura un pliegue en la trama, una visión extraída y ampliada que permite enfrentarnos a un recorrido particular. Cuando el espectador accede a la sala puede contemplar la escisión que se proyecta en ambos sectores del espacio. Si bien el recorrido no es lineal el espacio se ve determinado por el contraste entre los dos hemisferios de este mundo.
“Doble discurso” es el nombre de esta muestra en la que la investigación de la artista se vuelca a poner de manifiesto la dualidad de la belleza y la violencia.

El terreno de batalla
En este espacio de presenta un umbral de lucha, poblado por objetos que han visto desplazado su sentido natural y que están creados para denostar el signo de la violencia. Una silla de jardín de estilo inglés se yergue intervenida de manera meticulosa, sus patas bordadas llevan pedrería de fantasía, hasta en asiento de terciopelo y encaje deja que la luz actúe como elemento identificatorio de una zona rosa, una protuberancia asexuada, como una huella cuya adherencia de brocato se expande se fragmenta hacia el espaldar, rodeada por una tela de araña de pequeños cristales. Como integrante de este campo de fuerzas la silla se potencia como objeto de arte que denuncia el deseo por lo bello, delicado y sugerente pero de una vida útil escasa, simbólicamente se produce la invitación a alcanzar el descanso y contención pero sin embargo se convierte en un espacio sin uso práctico, superficial y peligroso, como un lugar de poder que no alcanza su objetivo primordial.
Un espejo oval de pequeño formato cercano a este elemento parece aprisionar el tiempo, pretende ser el movimiento de quien especula con su propia imagen al mirarse y remite al mito de Narciso, aquel ser de inigualable belleza que termina enamorándose de su propia imagen, pero lo que aquí puede resultar un rol más profundo pues Narciso es fruto de una relación de violencia y abuso sexual perpetrada por el dios Cefiso cuando rapta a la joven náyade Liriope.
Esta información agrega un detalle más al discurso sobre el que trabaja la artista en esta muestra, ya que al poder se une la violencia y los abusos que de aquella se desprenden.

Vestir la novia
En el recorrido generado por la instalación se distinguen dos planos: el de la belleza y el de la violencia, es así que el espacio se puebla de formas volumétricas fálicas y eróticas, mientras que en ribetes y volados se pone de manifiesto lo femenino y la herida que ha sido suturada o limitada en su derrame. Entre ellas sobresale un objeto con forma de mamas cuyos pezones puntiagudos y contornos suturados penden como una metáfora sobre la teoría de la psicoanalista Melanie Klein. Estos pezones con tutú forman parte de la violencia simbólica que tiene que vivir el individuo en su proceso de socialización enfrentado a lo que Klein definió como objetos que el bebé va internalizando en pulsiones que son quantum de energía libidinal y que van constituyendo su aparato psíquico y su funcionamiento con el mundo. El pecho de la madre es en este sentido el primer objeto, lo que la teoría de la psicoanalista se plantea como un pecho “bueno” y un pecho “malo” que operan en el mundo infantil como fuente de placer - displacer.
Estos volúmenes convertidos en piezas u objetos de arte a los ojos del espectador se presentan inofensivos y satirizados, las mamas parecen haber formado parte de un complaciente juego entre la silla como obra vaciada de su utilidad, la imagen fragmentada en el espejo y las mamas con tutú que nos recuerdan como “la voracidad es un deseo vehemente, impetuoso e insaciable y que excede lo que el sujeto necesita y lo que el objeto es capaz y está dispuesto a dar. En el nivel inconsciente de esta voracidad es vaciar por completo, chupar hasta secar y devorar el pecho,…” Y es justo en este concepto en el que se detiene la artista y genera un espacio de ensoñación del de los objetos de deseo, la figura de una vaca-novia, realizada con soutiens superpuestos uno a uno configuran la imagen del animal cuyas ubres cuelgan como escindidas del rostro vacuno que con rosas blancas y puntillas parece generar una aura mágica de pureza y fecundidad en contraste con la búsqueda de lo estático y vacío.
La artista adiciona la percepción dual de la belleza y la violencia a través del corsé, como prenda se vincula con la capacidad de modelar la silueta para embellecerla o distinguir sus líneas, es una prenda que se usa también para tratamientos médicos y es visto por muchos como un fetiche sexual que sujetándolo fuertemente provoca incomodidad y con esta una cuota de placer para ambas partes. El corsé realizado por la artista flota en el aire y la existencia, el cuerpo como materia desaparece y en su lugar Olga Bettas interviene la liviandad del vacío y el peso del pedregullo que adorna el satinado del corsé dando márgenes cortos entre piedra y piedra hasta completar la trama de hilos de plata sobre rojo fuego satinado. El corsé es también un elemento de ejercicio de poder y de violencia sobre el cuerpo.
En estos elementos se evidencia la demarcación de la violencia como acto plausible de ser leído y corroborado inmediatamente. Olga Bettas hace que su obra ponga de manifiesto los mecanismos del miedo dentro del aparato ideológico de la vida cotidiana y de las relaciones humanas en el pliegue de dominadores-dominados. Y es en esos pliegues, que van acumulando su potencia, violencia y condescendencia, donde los grados humanos de irracionalidad se hacen también visibles.

Violencia es mentir
¿Cuantas veces la piedra golpea? ¿De que forma se vacía el cuerpo para no accionar y enmudecer en un silencio cómplice? ¿Cómo sobrevivir a la angustia aterradora que provoca la mutilación psicológica o la violencia física? ¿Desde que lugar se sigue condenando la libertad a vivir una sexualidad plena independiente de la opción sexual?
Todos estos cuestionamientos están presentes en la dualidad avasallada por la figura de un toro cuyos testículos son colocados sobre los cuernos, símbolo de masculinidad, de poderío sexual y predominio de la situación. El rojo de la sangre derramada que se convierte como Narciso en una flor hermosa y pestilente, volúmenes que se expanden con cuerdas sin utilidad más que la superficial apariencia de lo fálico como representación del poder, pende del techo. Y rodeada de un conjunto de obras, a veces andrógino donde la ropa interior femenina bordada y trabajada hasta el límite revela, en la trama negra y transparente, la presencia de un miembro masculino.
Entonces, en este campo de batalla aparentemente escindido donde cada agente tiene su rol claramente identificado y socialmente aceptado se revela la trama del vacío, la violencia de la imposición física o psicológica, tanto en el ámbito doméstico como en la vida pública, una faceta de la dualidad que a pesar de estar envuelta en encaje y terciopelo no hace más que revelarse en todo su esplendor, revelando el doble discurso: cuanto más bello, más violento.

Amor, culpa y reparación
Tres objetos cierran una forma de recorrer el imaginario de este circuito de amor, culpa y reparación, el amor es testigo de la posibilidad de ver más allá, de encontrar un objeto en donde la pulsión devenga en placer. El sentimiento de culpa se instaura en la victima y colabora con la manipulación de su victimario y el miedo a denunciar parece quedar atrapado en el ensueño de ser causante, de ser culpable de su propia agresión y de merecerla. Por último, la más de las veces, el silencio se enaltece, es fecundado por generaciones enteras que cargan con el sentimiento de vacío o con la desaparición simbólica o real en definitiva con su propia muerte.
En Uruguay la violencia doméstica y la violencia sexual exigen un trabajo desde todos los campos de acción posible, exige por lo tanto una modificación de las conductas del silencio y la complicidad, esto no puede ser una justificación dependiendo de la clase social a la que se pertenezca debe ser un acuerdo comunitario, que se vaya estableciendo a partir de los modelos que socializan a los grupos en general. Desde el arte pueden establecerse una vez más esos canales que pongan de manifiesto el doble discurso sobre estos temas. Olga Bettas establece una forma de operar a través de su visión como mujer, madre y artista, ligada a una generación que formó parte de una modificación del lugar de la mujer en nuestra sociedad y pasando a tener un protagonismo multifacético en su cotidianidad.
La artista establece con sus objetos la formación de mundos, su contemporaneidad es vivida intensamente, genera un compromiso más allá de la cortina de perlas de plata que funciona como tabique represivo en el mundo real, pone en acción el poder del discurso de la obra de arte crea un mundo particular, fragmentado, sexual y pueril. La libertad parece funcionar la más de las veces como la ley de Talión: “ojo por ojo, diente por diente”, donde la reparación en términos psicoanalíticos parece ser la fuente que dirima esta ley, es decir la de tener la capacidad de reconstruir el objeto dañado a través de la recuperación del deseo como motor para lograr estrategias creativas que superen la acción inmediata, ese “acting out”, que opera como imposibilidad de dialogo por deseo inmediato de control sobre Otro.
Organizar el tiempo y los sentidos, retener una escucha atenta de los pensamientos particulares, contemplar con detenimiento, cada obra en “Doble discurso” genera un espacio de crisis, una forma que ponga de manifiesto una reacción frente a la posibilidad de transgredir lo que se establece como lógica de la violencia cotidiana.

Lic. Jacqueline Lacasa
Texto curatorial de "Doble discurso"
Colección Engelman-Ost, Agosto de 2010.

Paneo de inauguraciones recientes
(…)
Olga Bettas, en la Colección Engelman Ost, es lo opuesto a los anteriores. No sólo en su condición de mujer y una temática evidente referida, en su mayor parte, al género, sino por su decidida disposición transgresora, a que el deleite se produzca no sin antes atravesar una ordalía de inquietantes, desasosegados objetos. Objetos metáforas del sexo y de ambigüedades eróticas, de la violencia contenida y los ocultamientos padecidos.
Una suerte de instalación, muy bien resuelta, obliga al visitante a recorrer los diferentes espacios para adentrarse en la parafernalia de ropa íntima femenina, utilizada reiteradas veces, con criterio kitsch, pero con una inventiva formal disparada en múltiples sentidos y significados, sin claudicar de su talante barroco y su bien adquirido perfeccionismo técnico.

Nelson Di Maggio
La República
23 de agosto de 2010.

 



Volumen III
Doble Discurso
Colección Engelman-Ost
Agosto de 2010

DE DISCURSOS Y OTRAS PRENDAS

La obra de Olga Bettas es genuinamente seductora. Por muchos motivos: por el material, por su cuidadoso y ordenado tratamiento, por su originalidad, por su sentido del humor, por su textura, por su tema. La artista viene del mundo textil y trabaja, con el concepto de instalación, es decir, de recorrido, de trayecto o de camino.
Dentro de sutiles cualidades plásticas que incluyen el manejo de la forma tanto en el espacio como en el plano y del uso simbólico del color, la artista conduce al espectador con gran inteligencia a un mundo de bordes ambiguos, entre la fantasía y la realidad. Un mundo saturado de deseos básicos e imperiosos, inducido por el juego inquietante de formas turgentemente eróticas donde el fetiche como ícono de autosatisfacción -entre otros símbolos- remueve con toda su oculta energía los estratos inconscientes.

La artista lleva a la superficie del observador los seres inquietantes que dormitan en las capas profundas -y a veces no tanto- de la mente. Los invita a salir, a jugar visualmente en el mundo palpable y tangible de las paradojas, es decir, en el mundo real. Ataviados con la forma artística los instintos son contemplados amablemente, sin culpa, domesticados por la fruición del disfrute estético.
No es fácil conseguir este estado de cosas a través del arte. Es necesaria una elaboración lenta, profunda y reflexiva para que el material, convertido en artefacto estético pronuncie estas sentencias que afectan, deliciosa e insidiosamente, en el espectador.
Esto lo logra, admirablemente, Olga Bettas.

Si el sexo conlleva una violencia natural, existe la posibilidad de llegar a extremos no naturales y esta posibilidad está encubierta - porque es un hecho en muchos casos-
En esta sutil delación del hecho o de su mera posibilidad,, en esa lábil frontera entre la pasión y la ética, transita la obra de Olga Bettas, sin dejar de lado la diversión con que la artista, indudablemente, forjó sus creaciones. Porque la obra también delata también su placer por haber sido creada.

Solo el arte como lenguaje independiente produce una experiencia directa que conduce a la metacognición. Desde aquí se abarca la polémica zona del concepto que se aprehende por canales previos a la reflexión Cuando ésta adviene, el sentido de la forma inducido por una imagen que en principio nos conmueve, nos conduce luego a su interior. Allí percibimos que aquella está nutrida por todo tipo de aprehensiones, sentimientos y vivencias del propio artista que ciertamente, le traspasa algo de su vida, o mejor, de su experiencia de vida.

Daniel Tomasini
Revista Dossier Nº 23, nov/dic. 2010

 


Regadero (detalle)
Nidos que ocultan secretos
Cabildo de Montevideo
Noviembre de 2007

NIDOS QUE OCULTAN SECRETOS

La última serie concretada por Olga Bettas intenta, y logra, eliminar fronteras entre las pautas del arte textil y del objeto artístico. Fronteras que, intersecciones y conjugaciones reiteradamente exploradas por el arte contemporáneo, se han desdibujado con saludable desenvoltura. Las etiquetas que antes definían sectores nítidos ya no clasifican casi nada, ya no deciden la compleja estructura de la producción artística. Más aun, muestran una irreparable insuficiencia. En la obra reciente de la artista, diferentes prendas textiles ofician de pretexto para la acción que termina desembocando en objeto, siendo, al mismo tiempo, singular ensamblaje. Por cierto, no dejan de ser ropa interior, prendas textiles. No intentan negar su identidad. Pero sufren un claro desplazamiento semántico para instaurar una sutil puesta en escena, para aceptar multiplicadas transformaciones, para asumir diversas distorsiones formales. Esos soportes, esos puntos de partida, no son indiferentes, ajenos, a todo lo que sucede con ellos y desde ellos. De alguna manera, dirigen y conducen las estrategias de la puesta en escena. En las obras más recientes, la anécdota inicial de una prenda discernible es crecientemente sustituida por caprichosas formas siempre blandas, de una lánguida sensualidad.
Las ropas elegidas pertenecen a un repertorio que mujeres y varones han confinado al terreno de lo secreto. Si bien la denominación “ropa interior” supone el primer retiro a ese ámbito privado, íntimo, en realidad esa ropa es tan exterior como cualquier otra. Se viste por fuera, sobre la piel, sería imposible concebirla como ropa realmente interior. Sucede que se la reduce a un nivel clandestino, condenado a un purgatorio impreciso entre el cuerpo y la ropa aceptada como visible. De manera paradójica, ese ocultamiento ha permitido crecer toda una serie de desviaciones, aun corrupciones de tipo patológico, fundadas en esas desvalidas prendas. En países de una bipolaridad moral abrumadora, como los Estados Unidos, existe a nivel erótico y pornográfico, toda una mitología del underwear, literalmente, lo que está debajo de la ropa. Una mitología capaz de abarcar tanto disfrutables paraísos como enfermizos infiernos.
Las estrategias publicitarias del consumo, por el contrario, las exhiben sin conflicto. Se busca una cierta exaltación erótica mesurada por una sedosa asepsia y una franca trivialidad. Hay un mostrar cautamente impúdico, un mostrar displicente y sin densidad. El intento de persuadir que si vestimos esa marca o tal otra seremos como las/los seductores modelos. Porque quienes visten y exhiben esas prendas son mujeres o varones muy hermosos, cercanos a la absoluta perfección corporal. En las mujeres, el cuerpo es delgado, esbelto pero llenito, buen trasero, buenos senos. En los varones, formas elegantemente musculosas, bulto genital respetable, nalgas apenas mostradas e impecables. Estas ropas ahora exhibidas, bombachas, sutienes, slip o calzoncillos, se ubican en actitudes muy distintas. Sus intentos alusivos son, en consecuencia, también muy distintos.
Conviene recordar que prenda implica cualquier elemento que integra la vestimenta humana, pero que incluye, además, otros conceptos. En ocasiones, esos sentidos adyacentes, suelen ofrecer interesantes auxilios. Por ejemplo hay otra interpretación que calza perfectamente con los intentos alusivos de estos objetos textiles. Prenda es lo que se ofrece en señal, prueba o demostración de alguna cosa, de algún valor, de alguna pretensión. Y estas prendas interiores son prenda de deseos inocentes o un tanto turbios. Ejercen una fascinación mesurada o se abisman en un amable, candoroso fetichismo. Esta procesión de prendas ideada por Olga Bettas prenda, por lo tanto, en más de un sentido. Lo curioso, lo que les instaura un singular gesto provocador, es que sus varias insinuaciones se ofrecen traspasadas por una inefable ingenuidad. Ninguna de ellas pretende definir una provocación trasgresora, un gesto jactancioso y atronador. Buscan ser, valer, como fresco y gozoso divertimento. Si convocan alusiones a la genitalidad femenina o masculina no es para escandalizar o para convocar el impacto perturbador sin mucha remanencia. Lo hacen como una casi mágica mutación imitativa. Si hay acentos perversos son de un recato conmovedor. Si hay afanes de perturbación son de una naturalidad quizás más peligrosa que la agresión o el desafío. Se ofrecen con una sinceridad tan sencilla como irónica, con una pureza muchísimo más devastadora que la estridencia destemplada. Hasta la inclusión de incisivas alfileres navega sin conflicto, entre el subrayado conceptual y la gracia ornamental.
Las últimas piezas exhibidas llevan el desplazamiento semántico antes mencionado a un nivel de gozosa libertad. Han perdido vinculación con anécdotas visibles. Pueden ser hijos ingobernables, abúlicos, de esas prendas con personalidad más notoria, más obvia. Su léxico textil no trae adherida la memoria de usos funcionales antes ejercidos. Al contrario, reniegan de toda utilidad. Se abandonan en el mero placer de mostrarse y ser, sin necesidad de explicar con profundidad, una emanación conceptual. Si hay alusiones de aspecto orgánico, nada tienen que ver con lo genital. Si hay sensualidad, es una rara mezcla de elegancia y fina rudeza, de teatral suavidad y de una tibieza irradiada con indolente desconcierto. La elección de las telas es determinante en ese juego de distraído, ubicuo nonsense. Desde lujosos satenes a pobretones cotines. Desde una tersura de raso a la cálida aspereza del basto algodón. Ciertos rasgos sintácticos, las costuras burdas o pulcras, los alfileres de punta o de gancho, siguen reapareciendo. Sólo que ahora es ornamento recordatorio, rasgo hereditario sin intenciones simbólicas. Estos objetos textiles, al igual que los primeros, despliegan una insinuación que los recorre de manera dominante. Un rasgo poético que termina despertando una extraña y vigorosa sensación. Por encima de parecidos, de rasgos fisonómicos, todos ellos tienen algo de nidos que ocultan ariscos secretos. Residencias frágiles, fugaces, donde amparar deseos confesables pero tímidos, otros menos confesables pero igualmente esquivos.
Todas, además, lucen la común aceptación de una inquietante incertidumbre. Como de alguna manera esta preámbulo literario ha venido demostrando, se definen más por lo que no son que por lo que parecen ser. Es esa incertidumbre, esa imprecisión de fronteras, el rasgo más destacable de sus presupuestos creativos. Son formas que concitan más interrogantes que didácticas respuestas. Que buscan deslizamientos entre parcelas cercanas o muy distantes, que buscan mezclas, correspondencias plurales de direcciones poco rígidas, flexibles, abiertas al cambio de significados, a la duda, al asombro, aun al desconcierto. No hablan desde lo cierto, lo incuestionable, sino desde lo ambiguo, lo elusivo, lo casi inasible. De lo que se muestra, y no es un juego de palabras, sin mostrarse demasiado.
La propuesta atestigua, a juicio de quien escribe, un crecimiento remarcable dentro de la trayectoria autoral de la artista. Visible, por un lado, en la sintaxis formal elegida, donde la conjugación de austera selectividad y prudente barroquismo acentúa esa incertidumbre esencial del planteo creador. Por otro, en el singular manejo del ejercicio artístico como acto de disfrute, desenfadado y libre. Se percibe, y se confirma en las conversaciones que han pautado el diálogo entre creadora y curador, una recuperación lúdica del hacer. La saludable despreocupación, el fecundo entusiasmo, que se tiene de niño para asumir lo que pomposamente se termina llamando arte. Marcel Duchamp se cansó de repetir que él no había pretendido cambiar el arte ni mucho menos el mundo, que sólo había querido disfrutar, divertirse. En esta colección de frescos, suavemente desfachatados emblemas, se respira esa raíz fecunda, ese espíritu rigurosamente temerario que aun batalla contra los autoritarismos de la solemnidad y la trascendencia.

Alfredo Torres
Texto del catálogo
Nidos que ocultan secretos
Cabildo de Montevideo, noviembre de 2007.

 

Bicho atado, 2005
Ensamblaje
15 x 30 x 30 cm
Nidos que ocultan secretos
Cabildo de Montevideo
Noviembre de 2007

Olga Bettas descontextualiza del cuerpo el objeto ropa interior y lo trabaja de diversas maneras para adentrarlo en el campo del arte. Vinculando las obras realizadas con el ready made, le aporta un sentido nuevo a estas prendas que ofician como soportes. A veces flores órganos, piezas sumamente esteticistas o cuestionadoras, siempre colocan al espectador entre los bordes del uso de la prenda, su funcionalidad y la cuestión del género. Utiliza alfileres cintas y todos los materiales vinculados al mundo de la confección de indumentaria. Las obras se muestran como tapices u objetos textiles dónde se resignifican en utensilios con otros usos, como una tetera, una jarra una torta. A veces partir de la unión de las dos partes de un corpiño se conforma una especie de flor, dónde las telas invaden al ojo del espectador a partir de una pequeña rajadura, una especie de vulva fuera de su contexto real, sedosa y barroca. Las ataduras con diversos hilos también son un recurso en las obras de Bettas, ya como metáfora de lo que no está finalmente elaborado, a manera de borrador que une distintas partes de las piezas o como metáfora de los vínculos, las ataduras, las redes de pertenencia, y sobre todo los roles. Un muestrario de extrañas piezas, que se muestran inútiles, a pesar de que mantienen en su propia memoria el contexto del que provienen y se reconocen como prendas de ropa interior.
El individuo contemporáneo opta por la estetización de su cuerpo, la elección de los adornos, su vida se ve inmersa en un sistema de superficies. Olga Bettas hace un zoom sobre estos objetos y los sistematiza, los ordena con una nomenclatura personal utilizando las mismas propiedades y recursos de la indumentaria, los resignifica les otorga un nuevo sentido.

Fernando López Lage
Texto de catálogo Nidos que ocultan secretos
Cabildo de Montevideo. Noviembre de 2007

 

Carrito Fértil, 2005
Ensamblaje
25 x 20 x 15 cm
Nidos que ocultan secretos
Cabildo de Montevideo
Noviembre de 2007


Las investigaciones de la artista visual Olga Bettas se desarrollan ligadas a la problemática de la mujer en la sociedad actual, En este sentido, dentro del contexto la producción uruguaya, su personalidad se proyecta como una de las más genuinamente comprometidas. Su discurso que trasciende lo meramente anecdótico, despliega con irrestricta libertad, una temática que aborda representaciones tan emblemáticas del cuerpo, como los órganos que en su vulnerabilidad se hallan dentro de las símbologías más recurrentes de la cultura popular. Las prendas de ropa, casi siempre femeninas, resemantizadas, que aluden a inminentes agresiones, más allá de arrastrar a la superficie, representaciones de lo erótico o formas de relación en donde se confunden y explicitan aspectos de vida pública y privada, aparecen como una voz estridente que suena aludiendo a problemáticas de género y sociedad que son casi siempre pacatamente ocultos o procazmente tratados
En este momento, la obra de Olga Bettas, creando espacios significativos para la mujer dentro del arte, contribuye en consecuencia como un conjunto de reflexiones visuales sobre el carácter androcéntrico de la historia.
Del recorrido por su obra, se percibe un desenvolvimiento de notable coherencia que parte una formación que la acerca a maestros tan importantes como Nelson Ramos y sobre todo al arte textil donde había iniciado con una producción de tapices de los más significativas de este arte de tanta relevancia en el Uruguay. Sin dejar de relacionarse con el diseño y los materiales, aún los más modestos ,ligados al ámbito doméstico y aparentemente desechables, esta creadora , impresiona en la frecuentación de las formas más actuales, con una obra llena de humor, que participa de la calidad de objeto, tanto como de escultura blanda o instalación. La simplificación y aparente literalidad en la concepción de los trabajos, no surge de modo improvisado sino de la necesidad surgida de un extenso proceso de experimentación sostenido por un pensamiento plástico que subyace. Esta consideración que atañe al corpus de su obra es una forma de legitimación de las más acertadas dentro de la crítica contemporánea en pleno proceso de redefiniciones.

Sarah Guerra
Asociación Argentina e Internacional de Críticos de Arte
Texto curatorial , julio 2009
Publicado en la Revista Magenta. Buenos Aires, Argentina 2009